Pinceladas de Gracia: «Restaurando la imagen que tenemos del PADRE»





 Pinceladas de Gracia: «Restautando la imagen que tenemos del PADRE»


La semana anterior exploramos la baja autoestima y las huellas que deja en quienes la padecen (si aún no has leído esa reflexión, te invito a buscarla en las entradas anteriores de mi blog).

Hoy quiero hablarles a quienes han intentado zafarse de ese peso. Muchas lo han logrado apoyándose en la literatura de autoayuda y el desarrollo personal. La web y las redes sociales nos bombardean con fórmulas para "resurgir de las cenizas" y convertirnos en mujeres exitosas y empoderadas. Sin embargo, aunque ofrecen una salida inmediata, pocas atacan la raíz del problema: se enfocan tanto en lo que está por delante, que olvidan sanar lo que dejamos atrás.

Tal vez me digas: "Pero esa es la solución ideal, no debemos basar nuestra vida en un pasado lastimoso". Coincido contigo, siempre y cuando no intentemos enterrar el pasado sin antes encontrar la causa que dio origen a esos miedos, inseguridades y sentimientos de inferioridad. De lo contrario, ese pasado no se queda en el olvido; se convierte en una cadena pesada que arrastramos de por vida. Que ignoremos un problema no significa que dejó de existir; mientras no se resuelva, solo permanecerá en estado pasivo, listo para atacar de nuevo.

El contrapunto perfecto para la baja autoestima no es la soberbia, sino una autoestima estable. Tener una alta autoestima no es malo, pero "alta" no siempre significa "sana". Me explico: en psicología, una alta autoestima sana implica valorarte y reconocer tus capacidades sin necesidad de pisotear a otros. Te da resiliencia, te permite poner límites y te aleja de relaciones abusivas. El peligro real aparece cuando esa autoestima se vuelve narcisista; es decir, cuando tu valor depende de ser "mejor que los demás". Ahí es donde choca con la «voz de Dios».

El existencialismo humanista nos susurra: "Yo puedo", "Yo soy suficiente", "Tengo los recursos dentro de mí". Pero la Palabra de Dios nos presenta un camino más eficaz. No solo nos enseña a construir sobre una base sólida enfrentando nuestras heridas, sino que nos manda a rendir nuestro "yo" a los pies de Jesús. Nos invita a reconocer que, en Él, nuestras debilidades nos hacen fuertes, pues Su poder se perfecciona precisamente en nuestras limitaciones.

Si bien el sentimiento de inferioridad nos daña, la visión humanista puede llevarnos a la auto-idolatría. Si crees que eres la única que decide su valor, si te conviertes en tu propio dios y te sientes "tan alta" que ya no necesitas la gracia, tu autoestima se habrá vuelto una barrera entre tú y tu Creador.


Necesitamos, por encima de todo, una relación de intimidad con el PADRE.

En el desarrollo emocional de una niña, las figuras parentales cumplen roles diferentes pero complementarios. Se dice que la madre es el "nido" (el lugar de refugio), mientras que el padre es el "puente" hacia el mundo exterior. Para una niña, la manera en que su padre la mira, la trata y le habla se convierte en el estándar de lo que ella esperará del resto del mundo.

Si su padre valida sus capacidades, ella crecerá creyendo que es competente. Si su padre la ama incondicionalmente, ella no sentirá la necesidad de "mendigar" amor. ¿Qué sucede cuando la relación padre-hija está rota? Ocurre lo contrario; se puede crecer con el "síndrome del impostor" y, en lugar de amor incondicional, se desarrolla una necesidad de aprobación que lleva a buscar validación en lugares equivocados.

A menudo, nuestra relación con Dios está marcada por el vínculo con nuestros padres terrenales. Si esa relación careció de afecto o seguridad, es natural que la imagen del Padre Celestial se distorsione. Escucha bien: Dios no es ese juez de barba larga y semblante severo que espera para castigarte cada vez que falles. Esa es una imagen errónea. Él es tu Hacedor, tu Salvador y tu Sanador; pero, sobre todo, Él es tu Padre (o anhela serlo, si aún no le has entregado tu vida a Jesús). Y como Su hija amada, Él te ama incondicionalmente.

Quizás debas comenzar esta relación desde el "desaprendizaje", desde la honestidad de reconocer lo que nunca se te enseñó sobre el amor sano. Dios nos invita a acercarnos como niños; un Padre que ansía levantarte en Sus brazos y sentir que rodeas Su cuello con los tuyos.

Hoy te invito a soltar el esfuerzo de "construirte" a ti misma y permitas que sea Su amor el que te defina. No te conformes con una baja autoestima que te empequeñece, ni busques una alta autoestima que te enaltece; busca una identidad inamovible en Él. No permitas que tu valor dependa de tus éxitos o de tus limitaciones, sino de la mirada del Padre que te llamó Suya.
   
La paz no se encuentra en convencernos de que somos lo máximo, sino en descansar en que somos Suyas. El ego busca pedestales; el alma busca al Padre.

¿Te animas a dejar que sea Su voz, y no la tuya, la que diga quién eres hoy?


Para leer y meditar:


2ª Corintios 6:18, «Seré su Padre y ustedes serán mis hijos y mis hijas. Así dice el Señor Todopoderoso».

2ª Corintios 12:9a, «Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad...»

Romanos 12:3, «Nadie tenga mayor concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura...».


Oremos:

Amado Señor y Dios, me regocijo en la certeza de ser tu hija, sabiendo que Tú eres el Padre que me ama con amor eterno e incondicional. Te doy gracias por edificar y fortalecer nuestra relación. Hoy te entrego mis extremos: rindo ante Ti la baja autoestima que me hace sentir pequeña y sin valor, pero también rindo cualquier rastro de alta autoestima humana que me pretenda hacer creer que soy autosuficiente o superior.

Gracias por darme la seguridad de acercarme a Ti con profundo respeto y total ternura. En Tu abrazo encuentro el sano juicio; ese equilibrio donde no soy más ni menos que nadie, simplemente soy Tu hija amada. Padre, hoy descanso en Tu gracia, te alabo y te bendigo en el nombre de Jesús. Amén.

    Y tú, ¿en qué voz has estado confiando últimamente: en la tuya o en la de tu Padre Celestial? Cuéntame en los comentarios cómo estás viviendo este proceso de rediseñar tu autorretrato bajo Su gracia.

By. neisCarp.



Comentarios

  1. Amén, nuestro refugio es estar en la presencia de Dios, porque hay plenitud de gozo

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    1. Amén, Mary! Así es. No hay lugar más seguro ni más pleno que Su presencia. Gracias por recordarnos que en Él el gozo no es pasajero, sino total. ¡Un abrazo bendecido!

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  2. Amén! Bendecida noche. Así es mi amada Pastora. Cuando llegamos a los pies del Señor y nos dejamos llenar de su Espíritu, aprendemos; Que si dejamos que nuestro Ego nos invada entonces creamos un autoretrato que deba Gloria y una máscara que disfraza toda raíz de cualquier evento que no podemos resolver. Por eso cuando nos soltamos por completo en él amor de Cristo entendemos que por nuestras propias fuerzas no llegamos a ninguna parte. Sólo con la dependencia de Él lograré llegar a la persona que realmente nuestro Señor quiere y experimentare el gozo y la vida que nuestro Señor nos ofrece. Gracias mi amada.🙏🙌🙌❤️

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    1. Qué profunda reflexión, Doris. Tienes mucha razón: el ego es ese autorretrato falso que solo nos distancia de nuestra verdadera identidad en Cristo. Soltar nuestras fuerzas para abrazar Su dependencia es, paradójicamente, donde encontramos nuestra mayor fortaleza. Gracias por compartir este sentir tan valioso. ¡Bendiciones, amada!

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  3. Es una gran bendición, privilegio y honor ser hijas de Dios
    Al recibir a Cristo en nuestro corazón por fe nos dio potestad de ser sus hijas (Juan 1:12)
    Y sabemos que sin El nada somos ni nada podemos (Juan 15:6)
    Todo lo podemos EN CRISTO (Fil 4:13), es en El y por El, no somos autosuficientes, es hermoso depender del Señor, El tiene cuidado de nosotros

    Dios le bendiga amada hna Neisa

    Saludos

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    1. Así es, Chely! No hay mayor título que el de ser Sus hijos. Esas citas de Juan y Filipenses resumen perfectamente nuestra realidad: separados de Él nada somos, pero en Él lo tenemos todo. Gracias por traer esa base bíblica tan firme a nuestra conversación. ¡Un gran abrazo!

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